sábado, 31 de diciembre de 2011

La historia de Juan tortuga

Ilustrador: Fabo 
Juan tortuga estaba muy deprimido. Nada raro teniendo en cuenta que sólo podía ver las cosas terminar. 
Caminaba tan lento que siempre, sin excepción,  estaba al final de todo. 
Nadie puede negar que cualquier final suele dejar si no tristeza, añoranza. 
Así que, con mucho esfuerzo arrastraba su caparazón, desganado, y se metía dentro en los momentos difíciles para intentar no sufrir más. 

Un día, en la oscuridad de carcasa, tuvo una iluminación: si corría más quizás lograría estar delante y ver aunque fuera sólo una vez  el principio. Sería feliz un instante viendo algo comenzar. 
Así que, sin pensarlo dos veces, se desprendió de su concha, que pesaba demasiado,  y se puso a correr velozmente. 
Corrió, corrió, corrió  sin detenerse. Corrió tanto que, cuando se dio cuenta, había pasado de largo el principio encontrando otro final.
¡¡Cómo lloraba Juan tortuga!!. Estaba desconsolado. No tenía donde esconderse. Estuvo horas tumbado sobre el suelo sin parar de lamentarse hasta que rendido entró en un profundo sueño. 
Mientras dormía por agotamiento, Juan tortuga, tuvo otra iluminación: no importaba si corría o si iba despacio porque lo que es principio para unos para otros es el final. Si miraba a través de su visión empañada por lágrimas nunca vería ni una sola cosa clara. 


Al despertar Juan tortuga sonrió viendo un sol que le parecía mucho más brillante que otras veces. Desde aquel día, Juan tortuga  sólo usa su caparazón para dormir. 

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